¡Dios no llora, se mea de Risa!, fue la sentencia que se oyó como el estruendo de un rayo en los alrededores de la plaza. Era el curandero Parópio en las escalinatas de la Catedral, ante un par de palomas que intentaban montarse entre sí y una multitud de ratas nerviosas, que desde enfrente, observaban atónitas la danza pagana que con aires operísticos realizaba el viejo harapiento.
La Gente que pasaba frente a Él lo observaba; algunos con indiferencia, otros, reían al ver como el viejo tambaleaba en una especie de ritual ancestral. Pero nadie comprendía cómo, con tan paupérrimo semblante, no caía por las escalinatas.
Este Diógenes moderno; cínico entre los cínicos, beodo eterno, loco perdido con tantas convicciones; era cual Noche al Día, Mal al Bien, Diablo al Dios, para ésa Gente alienada con sus miradas de vacas perdidas en un verde mar.
Era todo lo que Ellos debían ver para reafirmar sus convicciones, para sentir que sus vidas valían la pena, para llegar a sus hogares y estar felices de tener uno, para disfrutar todas las comodidades del hombre civilizado, para exitarse al encontrar a su mujer arreglada para ése trámite que seguro vendría luego de cenar, luego de ese beso en la frente a sus hijos, de esa charla banal, de una dosis de Tv, de ese juego presexual que ambos aborrecen. Finalizado el sexo, quizá volverían a pensar en ese Loco, y con una mueca en la cara llegarían al sueño profundo que visita a los conformistas.
Puede que sufran pesadillas, quizás sean con el Loco Parópio pero al despertar sus ojos percibirán todo su entorno, y nuevamente se enamorarán de la persona que está a su lado, se sentirán felices por sentir el abrazo desinteresado de sus pequeños, amarán sus casas; sus autos, sus baños, sus ropas. No dudarían de la felicidad que sienten, que es lo auténtico, lo original, lo único. Como así también son únicas; sus casas, sus autos, sus ropas, sus estúpidos y obviamente únicos golden´s retriever, sus anteojos edición especial.
Parópio, ahí desde las escalinatas comprende el error. Todo es igual. Él, también se creyó especial, loco, fuera de serie, outsider. Y se sintió feliz, y creyó haber hallado la senda. Hasta que se derramó sobre si otra parte de la realidad, vio que no era el único. Eso fue suficiente. Dejó todo lo que creía que lo hacía único, comenzó a hablar solamente con los animales, llegó el tedio y tuvo un último pensamiento. Comprendió la tragedia y la comedia. Dios no llora, se mea de Risa.
No puedo dejar de pensar con que empeño la abeja intenta suicidarse.
Sí, definitivamente, es su deseo más profundo. Pero, es una abeja mielera, ¿por qué está sola?
Vuela contra el vidrio transparente que le hace ver su Libertad, pero a la vez cumple la doble función de barrera infranqueable.
Tiene la posibilidad de escapar. La ventana no está cerrada ... si solamente mirara por debajo de su nariz.
¿Pero, qué estoy diciendo? , si las abejas no tienen nariz, Simio que decís!.
Tomo dos panes congelados y los coloco en el microondas, vuelvo a estudiar. Espero el sonido que me haga regresar a la cocina. Ahí está, vuelvo saco los panes, me confundí de función, están duros como piedra.
Oigo el zumbido desesperante. Miro el ventiluz, ahí sigue atrapada. Pienso intervenir, salvarla. ¿Pero quién soy para intervenir en el devenir de la Naturaleza?.
Alejo mi mano y dejo que siga chocando contra el vidrio.
Pasan lo minutos, ella empecinada en burlar a la Naturaleza y traspasar el vidrio. Afuera todo parece tan perfecto, armonioso y bello. Las golondrinas danzan, los gorriones hiperquinéticos saltan de un lado a otro, las palomas se aparean impúdicamente.Y ella parace tan frágil adentro, luchando contra semejante vidrio, todo es tan terriblemente humano, tan lleno de peligros para esa pobre abeja.
Intento calcular el tiempo que podría estar aleteando hasta acabar con su vida.
Oh!, veo que decidió vivir, vuela hacia la colmena.
También veo a las nobles golondrinas volar eufóricas.