El gran tirador de postas
Hace 3 meses
Con todas las respuestas a ninguna de tus preguntas
¿Cuál es el resultado? El hombre moderno está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. Se ha transformado en un artículo, experimenta sus fuerzas vitales como un inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en la condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones sociales son las de autómatas enajenados, en la que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, inválidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra civilización ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, el consumismo pasivo de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y , además por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como:"Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea"; o "Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy", o, como afirmación final:"Todo el mundo es feliz hoy día". La felicidad del hombre moderno consiste en "divertirse". Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro caráter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo..." E.F.
Llegó la noche al domingo y caíste en cuenta, hace dos días que estas sin provisiones en el desierto. Tu cerebro, accidentalmente, lanzó una palabra que escapa de tu boca. Tu primer palabra en dos días. Sin embargo, no hay melancolía. Fue un fin de semana adorable, visitaste a los demonios del Bosque con quienes tuviste una larga y tendida charla. Siempre los observaste por el rabillo del ojo, con miedo y recelo, sin nunca atreverte a entablar ese diálogo, pero bien dentro tuyo -como esas cosas que solamente uno puede intuir acerca de uno mismo- sabías que mas temprano que tarde romperías tu silencio para cruzar el estrecho abismo que te separaba del Bosque.